13 febrero, 2007

Elige tu propia aventura

Sonaban las campanadas de las 10 en el reloj de la plaza cuando empezaron a caer los primeros copos. Lentamente se abrochó el abrigo hasta el cuello de manera que sólo quedaba su cabeza al descubierto. En poco tiempo se vio inmerso en un remolino de cristales blancos; los más atrevidos iban a morir a su cara dejando a su paso una gota de agua fría como el hielo que habían sido, y que resbalaba por los primeros surcos que el tiempo le había empezado a regalar.

Aunque sólo rondaba los cuarenta años, esa noche se sentía un anciano. No por su edad, sino por la carga que le oprimía el pecho. Descorazonado, caminaba abstraído del mundo que lo rodeaba.

Así continuó hasta que se paró frente al escaparate de una tienda cualquiera. Veía su reflejo en el cristal pero no era capaz de reconocer la figura que le devolvía la mirada. Absorto en aquel rostro desconocido buscó en sus bolsillos, sacó un paquete de tabaco arrugado. Se llevó un cigarrillo a la boca, poco a poco, como si le pesara la mano; y mientras intentaba encenderlo, algo le vino a la cabeza.

Un recuerdo? Un sueño?

Una sonrisa fue dibujándose en su rostro mientras volvía la cara hacia arriba. En ese momento pensó...


Pon fin al relato

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